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Simón Bolívar

[...] Los defectos predominantes de la personalidad del general Bolívar son ambición, vanidad, sed por el poder absoluto e indivisible y una gran disimulación. Es muy astuto y entiende a la humanidad mucho mejor que todos sus coterráneos; él hábilmente voltea cualquier circunstancia a su propia ventaja y no escatima ningún esfuerzo para ganarse a aquellos que él sabe le pueden ser útiles en el momento. Él es eficiente en ofrecerles pequeños servicios, los adula, les hace promesas brillantes, les hace creer que sus sugerencias son útiles e importantes y que está listo a seguir sus consejos. Una tercera persona le sugiere algo o se encuentra con algún éxito inesperado e instantáneamente regresa a su verdadera personalidad y se vuelve vanidoso, arrogante, enojado y violento, se olvida de todos los servicios y obligaciones, habla con desprecio de todos los que adulaba y si no tienen ningún poder, los abandona, pero siempre manifiesta una disposición para evitar a aquellos que él sabe que lo pueden enfrentar y resistir." [...] página 440.

Santiago Mariño

[...] Tan pronto como Bolívar y Mariño llegaron al puerto de Juan Griego, en la isla de Margarita, el general Arizmendi les envió un mensaje: “que él estaba muy sorprendido de verlos a ambos llegar como si fueran fugitivos y que si no se iban de inmediato para unirse a sus valientes compatriotas, a quienes habían abandonado de una forma tan cobarde, él los trataría como desertores y los fusilaría tal como se lo merecían.”.

Como el carácter decidido del general Arismendi era perfectamente conocido por ellos, pensaron que no era apropiado desembarcar y partieron precipitadamente a Carúpano, un puerto y un pueblo muy grande del Main, no muy lejos de Juan Griego. [...] Regañados y humillados por sus propios compatriotas y subalternos y sintiéndose ambos desamparados, en lugar de regresar al Main, hicieron un último intento de ponerse a salvo. Se fueron hacia Cartagena, en donde todos estaban sorprendidos de verlos llegar, el 25 de septiembre de 1814.[...] pág 139.

Louis Brion

[...] A comienzos de la revolución en 1810, Brion ofreció sus servicios a la nueva república y fue nombrado Capitán de Fragata en 1811. Él aceptó el rango con la condición de que no estaría sujeto al estricto servicio, sino que tendría la libertad de actuar independientemente de cualquier comandante, con su propio barco y a su manera. Él, de hecho, sacrificó su gran fortuna para el beneficio de la causa y trabajó sin cesar a su servicio. Sin duda alguna él hubiera hecho mucho más, si hubiera estado en su poder cambiar la mentalidad ambiciosa del general Bolívar, pues yo mismo le escuché a Brion como cien veces, la urgencia de tener no solo un congreso sino un gobierno establecido bajo principios legales, mediante los cuales la seguridad de las personas y de la propiedad estarían aseguradas para toda la comunidad.[...]

[...] Cuando le hablé al general Bolívar una tarde en Los Cayos, en términos muy elevados de Brion y sus grandes esfuerzos, Bolívar me dijo “usted está en lo cierto mi querido amigo, pero ambos debemos confesar que es un gran tonto” – y se echó a reír a carcajadas.
Brion nunca se pudo recuperar de las grandes sumas de dinero que adelantó, Bolívar lo postergaba diciéndole que no había dinero pero que se le pagaría tan pronto como se pudiera.[...]. Página 416.

Francisco Antonio Zea

[...] Una reunión de diputados tuvo lugar el 15 de febrero bajo las más solemnes e imponentes ceremonias, las cuales serían inútiles de describir con detalle aquí. Francisco Antonio Zea fue elegido presidente y el general Bolívar lo encargó del ejecutivo.
El nombramiento de este congreso cambió la forma, pero no afectó la sustancia del gobierno de Bolívar. Zea, un hombre honesto y virtuoso, era sin embargo débil y completamente fiel al general, quien por intrigas secretas consiguió nombrarlo presidente del nuevo Congreso. Bolívar sabía que Zea era incapaz de comandar el ejército y que él no tenía suficientes amigos ni simpatizantes para que llegara a gobernar la república. La elección se realizó llamando a los miembros por su nombre y no por votación secreta; el jefe supremo estaba presente. Algunos 10 o 12 diputados propusieron a Zea y otros no se atrevieron a oponerse a su nombramiento; y así fue que el Sr. Zea fue elegido unánimemente en contra de los deseos de muchos, probablemente la mayoría.[...] Página 343

José Antonio Páez

[...] Él es su comandante supremo de los llaneros y él solamente es adorado por ellos. A ellos no les interesa mucho el general Bolívar y en varias ocasiones se les ha escuchado decir que nunca lo han visto en medio del fuego, ni a la cabeza de un ataque y que se hace muy lejos del campo de batalla para poder juzgar por sí mismo como se debe conducir la acción. El general Páez, irritado por la pérdida de una batalla, le dijo al general Bolívar, en presencia de más de cuarenta oficiales, que cuando Bolívar comandó esa batalla, causó la pérdida de ésta, pero que cuando él mismo la comandó, pudo derrotar al general Morillo. [...] página 49

[...] En la batalla de Ortiz, en abril de 1818, en donde Bolívar comandó, Páez con su caballería hizo varios ataques victoriosos contra el enemigo, el cual, aunque inferior en número, era superior a la de Bolívar en disciplina y habilidad. El general-en-jefe (Bolívar), había enredado y confundido tanto la línea de batalla, que su infantería fue vencida y casi destruida. En esta ocasión, Páez le reprochó personalmente y con gran libertad y severidad.[...] página 430.

 

Carlos Soublette

[...] Soublette quien jamás había comandado ni cuatro hombres, fue ascendido, como favor del general Bolívar, a grado de teniente del estado mayor, pues era uno de los favoritos del general, por razones ampliamente conocidas por aquellos que sabían de las conexiones familiares con las dos guapas hermanas de Soublette, de lo cual se pueden encontrar pruebas suficientes en la explicación del coronel Hippisley de su viaje al Orinoco, editado en Londres en 1819. Soublette, ahora bajo la protección del general Bolívar, comenzó a decir a varios de sus compañeros en mi ausencia, que yo había tiranizado mucho a todos los caraqueños a bordo de La Constitución, lo cual era intolerable, viniendo de un extranjero y que deberían estar resentidos todos los nacidos en América. Soublette repitió estas falsedades a muchos de sus compatriotas, para generar odio en contra mía por parte de los oficiales caraqueños y particularmente del general Bolívar, quien él mismo, era caraqueño.[...]

 

Juan Bautista Arismendi

[...] Arismendi es uno de aquellos hombres que se dice se forman por sí mismos y así llegó a ser la persona indicada para la posición que ocupa en el mundo, gracias a su habilidad natural, la cual no se puede aprender en ningún lado. [...] En 1814, cuando Venezuela estaba en una condición decadente, él abandonó Caracas y se fue como brigadier-general y gobernador de la isla de Margarita, su tierra natal. Él restableció el orden en aquella provincia, fortificó aquellos lugares que ofrecían una buena defensa y construyó un número de pequeños fuertes, reductos y baterías. Aquí él se volvió muy popular por su buena y justa administración y adquirió una gran ascendencia sobre sus coterráneos, por lo que después de la batalla de La Puerta, la cual fue perdida por el dictador en junio de 1814, se convirtió en el amo absoluto de Margarita, en donde actuaba sin ningún control, tanto que cuando los dos dictadores, Bolívar y Mariño, en 1814, llegaron a refugiarse a esta isla, él los obligó a salir sin admitirlos incluso con la hospitalidad de costumbre. [...] Página 431.

 

Manuel Piar

Piar sin embargo, era el comandante más capacitado de todos ellos y muy superior a Bolívar, no solamente en valor personal, sino en conocimiento de tácticas y operaciones militares. Él era tan apreciado por sus subalternos, que los extranjeros particularmente, preferían a Piar como su comandante, que a cualquiera de los otros jefes militares. Él era frío en su forma de ser, pero sincero y atento con cada uno de ellos, tratándolos amablemente y cuidando su bienestar general. Pero su disciplina era rigurosa y nunca dejaba pasar una falta cometida bajo las armas, ni siquiera la más pequeña. Su manera de ser fría, reservada y hosca, les inspiraba respeto y temor; su valentía personal y destreza les daba valor y confianza. Él constantemente apoyaba la causa de la independencia en Venezuela y muchas veces con éxito, en 1813 y ’14. Cuando los dos dictadores huyeron, Piar se quedó y luchó con gran éxito contra los españoles. Los comandantes españoles y particularmente Boves, le temían a él y a Páez, más que a nadie más. [...]

Pablo Morillo

[...] En pocas palabras, diré para cerrar este capítulo, que la angustia era tan grande en Cartagena, por falta de provisiones, que se resolvió evacuar a la ciudad durante la noche, sin siquiera capitular con un enemigo cruel y sin Dios, como lo era Morillo. Así se hizo y Luis Aury, el comodoro del escuadrón, recibió a esta desdichada gente a bordo, atravesó a la fuerza el canal que forma la entrada al puerto de Cartagena, desde Boca Chica y todos se refugiaron bajo las baterías de los fuertes que yo comandaba. Es por esto, que yo fui el último comandante que quedó y después de que todas las familias de Boca Chica se embarcaron, abordé a las 2 de la mañana del 8 de diciembre de 1815, la embarcación del comodoro Aury, en donde me reuní con mi familia y así fue que abandonamos este desafortunado país (Cartagena), dirigiéndonos hacia Los Cayos.

 

Dónde Conseguirlo?